Rincón Literario
6 Mar 2018
"El encapuchado y la escalera" por Susi Sliwinski
Sesudo momento el que estoy pasando. Atrapado en la escalera. Algo insólito si se razona un poco. Quinto piso, ni para arriba ni para abajo. Los escalones han desaparecido. Ni sentarme puedo. Solo el botón de la luz me acompaña. Dura unos minutos y la fría oscuridad me abraza hasta ahogarme en un grito sin eco ni respuesta.
La prendo otra vez. El temor a que se corte no me permite retirar el dedo petrificado en el botón rojo. No hay baranda que permita espiar. Solo la dura pared, gastada y con hoyos que evidencian el abandono de los ocupantes del edificio.
Solo vine a entregar una carta. Al sexto piso. El ascensor, ausente con aviso de varios meses, me indicó el camino a seguir. Un leve parpadeo y al volver la luz, me encontré con este despropósito. Me pellizco, me pego. Estoy despierto, no deliro. Hoy no fumé nada. De hecho, hace varios días. Estoy limpio.
Ruidos, roses. Prendo la luz. Del sexto por los escalones que volvieron, baja un encapuchado.
¡Dame la carta! Me ladra enojado. Se la alcanzo con mi mano temblorosa. La abre con rabia.
–Les dije que no me molestaran más, nunca más.
El único escalón que me sostenía desapareció. Comienzo un viaje inesperado hacia la calle. Como en un tobogán de cinco pisos. Choco contra las paredes en los ángulos. Mi cabeza trata de protegerse con mis brazos. No lo consigue del todo.
La velocidad de la caída se acelera. Mi corazón, a punto de paralizarse, se convence de que puede con esto.
Yo, en cambio, desespero imaginando el final. Todo despachurrado en pedazos en el hall de entrada.
Susi Sliwinski es integrante del Taller literario de Marianela.
Solo vine a entregar una carta. Al sexto piso. El ascensor, ausente con aviso de varios meses, me indicó el camino a seguir. Un leve parpadeo y al volver la luz, me encontré con este despropósito. Me pellizco, me pego. Estoy despierto, no deliro. Hoy no fumé nada. De hecho, hace varios días. Estoy limpio.
Ruidos, roses. Prendo la luz. Del sexto por los escalones que volvieron, baja un encapuchado.
¡Dame la carta! Me ladra enojado. Se la alcanzo con mi mano temblorosa. La abre con rabia.
–Les dije que no me molestaran más, nunca más.
El único escalón que me sostenía desapareció. Comienzo un viaje inesperado hacia la calle. Como en un tobogán de cinco pisos. Choco contra las paredes en los ángulos. Mi cabeza trata de protegerse con mis brazos. No lo consigue del todo.
La velocidad de la caída se acelera. Mi corazón, a punto de paralizarse, se convence de que puede con esto.
Yo, en cambio, desespero imaginando el final. Todo despachurrado en pedazos en el hall de entrada.
Susi Sliwinski es integrante del Taller literario de Marianela.












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