Conocé la historia de La Cantábrica: de un gigante de acero al hogar de las pymes del oeste
Por: Gabriel Colonna, Leandro Fernández Vivas.Mucho antes de que el oeste bonaerense se llenara de edificios, centros comerciales y autopistas, había un lugar donde el fuego nunca se apagaba. Allí se fundía acero, trabajaban miles de obreros y se fabricaban productos que llegaban a todo el país. Ese lugar era La Cantábrica, la metalúrgica que marcó una época y que hoy, transformada en parque industrial, continúa siendo sinónimo de producción y trabajo.
La historia comenzó en 1902, cuando la empresa fue fundada en el barrio porteño de Barracas bajo el nombre de Talleres El Carmen. Con el crecimiento de la industria nacional, la planta original quedó chica y la compañía decidió instalarse en Haedo. Según el Instituto y Archivo Histórico de Morón, adquirió un predio de aproximadamente 19 hectáreas y para 1941 ya funcionaban sus hornos, dando inicio a una nueva etapa que cambiaría para siempre la historia industrial de la región.
Durante buena parte del siglo XX, La Cantábrica se convirtió en una de las metalúrgicas más importantes de la Argentina. En sus mejores años llegó a emplear casi 3.000 trabajadores, muchos de ellos vecinos de Morón, Castelar, Haedo y otras localidades del oeste. De sus líneas de producción salían acero laminado, maquinaria agrícola, molinos de viento, máquinas ordeñadoras, piezas ferroviarias, torres para tendido eléctrico y una amplia variedad de productos metalúrgicos que abastecían distintos sectores de la economía.
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Su crecimiento también dejó una profunda huella fuera de la fábrica. A mediados del siglo pasado impulsó la construcción del barrio Cantábrica, donde se radicaron numerosos trabajadores junto a sus familias, mientras que el Ferrocarril Sarmiento modificó parte de su infraestructura para permitir el ingreso y la salida de los trenes de carga que transportaban la producción. La empresa no solo fabricó acero: también ayudó a moldear el desarrollo urbano de Haedo y del Partido de Morón.
Después de alcanzar su mayor expansión durante la década de 1970, la compañía comenzó a atravesar una profunda crisis que terminó con su quiebra hacia fines de los años 80. El silencio reemplazó al ruido de las máquinas y el enorme complejo industrial quedó prácticamente vacío, poniendo fin a una de las etapas más importantes de la historia productiva del oeste bonaerense.
Sin embargo, el predio encontró una nueva oportunidad. A mediados de los años 90, la Provincia de Buenos Aires, la Unión Industrial del Oeste (UIO) y el Municipio de Morón impulsaron un proyecto de recuperación que dio origen al actual Parque Industrial La Cantábrica. Hoy funcionan allí casi 50 pequeñas y medianas empresas dedicadas a rubros tan diversos como la metalurgia, los alimentos, el plástico, la industria textil, la iluminación y la fabricación de insumos para distintos sectores productivos.
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Invitado por la Unión Industrial del Oeste, Castelar Digital recorrió el parque industrial para conocer de cerca esta transformación. Durante la visita fue posible caminar por las antiguas calles internas de la histórica fábrica, observar las enormes naves que todavía se conservan y reconocer el emblemático arco de ingreso, convertido en uno de los símbolos del patrimonio industrial del oeste.
La recorrida también permitió conocer la planta de Doña Clara, una empresa con más de seis décadas de trayectoria dedicada a la fabricación y comercialización de artículos para cocina, repostería y gastronomía. Lo que comenzó como un comercio especializado hoy produce miles de utensilios y soluciones para hogares, profesionales y comercios desde su planta ubicada en La Cantábrica, reflejando cómo el histórico predio volvió a convertirse en un espacio donde la industria genera empleo, innovación y desarrollo.
Más de un siglo después de su nacimiento, La Cantábrica sigue siendo parte de la identidad de Morón. Aunque los altos hornos ya no están encendidos y las grandes coladas de acero quedaron en el recuerdo, el espíritu productivo permanece intacto. Allí donde durante décadas trabajaron miles de obreros, hoy decenas de pymes continúan escribiendo una nueva página de una historia que convirtió a este rincón de Haedo en uno de los grandes símbolos industriales del oeste bonaerense.
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Gabriel Colonna
Fotógrafo
Fotógrafo. Programador Web. Emprendedor.
Fundador y Director Ejecutivo de Castelar Digital.
Socio Fundador de GAMA Taller de Imagen.
Socio Fundador de Ocho Ojos.
Leandro Fernández Vivas
Periodista
Técnico Universitario en Periodismo.
Director Periodístico en Castelar Digital.
Socio Fundador de Ocho Ojos.
Docente Universitario en UNLaM.





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