Rincón Literario
25 May 2026
La mancha, Sandra Silvina Serra
Justo en el centro de aquella pared, cómo si nos estuviera esperando, en esta habitación donde la luz apenas se atreve a entrar y las sombras juegan a esconderse entre murmullos de tiempo, ella descansa. A primera vista parece solo una imperfección, sin embargo, en el asombroso universo de la imaginación de mi niño, esa mácula cobra vida transformándose en la silueta de una rana, guardiana de secretos y sueños.
El pequeño con ojos vivaces y curiosos se aproxima al oscuro muro como si estuviera de pie ante un antiguo jeroglífico, Con sus manitas agarradas detrás de su cuerpito se encorva para ver mejor. Su mirada brilla con la chispa inquebrantable de su inocencia, capaz de ver más allá́ de lo evidente, de hallarle significado a lo que la realidad ordinaria olvida.
En su mente fervorosa, la mancha se convierte en una criatura mística, un símbolo de aventuras por descubrir y de cuentos por narrar.
—¡Mirá abuela!, es una rana que salta hacia el cielo —Dice con entusiasmo.
Así́ ese borrón, tocado por la ingenuidad y el asombro, se transforma en un puente rumbo a donde lo cotidiano pasa a ser extraordinario.
Ella, con su piel moteada y un brillo iridiscente en sus ojos, se convierte en la protagonista de una épica búsqueda, un viaje a través de praderas de sueños donde las nubes son almohadas de terciopelo y los ríos serpientes de cristal que murmuran promesas de andanzas.
—¡Abuela, la rana, con solo un salto, puede cruzar océanos y escalar montañas! — grita mi pequeñín, mientras está viajando por tierras donde los árboles susurran antiguas leyendas y las estrellas, fieles confesoras, iluminan el camino hacia mundos mágicos. Cada palabra que sale de sus labios es un pincel que da color a la pared, la ilumina, transformándola en un canto al ingenio y la maravilla que reside en la esencia de mi niño.
Ante su llamado lo observo y mi alma se llena con la calidez de la conexión generacional. Ese manchón en la pared, ese simple desperfecto, se convierte en un símbolo del poder de la fantasía, recordándome que, en cada rincón, en cada sombra que se proyecta, puede surgir un nuevo imperio, una nueva travesía.
Su risa resuena en el ambiente, como el eco de una melodía olvidada, llenando el espacio con esa luz que desafía la naturaleza misma del tiempo. En la historia que se teje entre nosotros, la mácula es mucho más que un rasguño en la pintura; es un recordatorio de que a veces, las cosas más simples son las que nos invitan a soñar, a mirar más allá́ y encontrar la belleza en lo intrascendente.
Así́, en esa fantástica intersección de la realidad y la fantasía, la mancha se queda grabada en nuestros corazones, un símbolo indeleble de la capacidad inherente al ser humano, en especial al niño, para ver el mundo no como es sino como podría ser; repleto de ranas que saltan a lo desconocido.
No aguardé un instante más y abandoné la cálida comodidad de mi sillón, como quien se desprende de un abrigo pesado y me dejé caer sobre el prado junto a mi nieto. Allí́ ambos nos sumergimos en un océano de aventuras inimaginables donde cada mirada era una ola de alegría y cada travesura un destello mágico. En ese momento la habitación se transformó́ en un gran reino, donde la imaginación era un rio caudaloso. A cada segundo había una nueva chispa que encendía el fuego de la diversión. Así́, en medio de carcajadas que sonaban como un puñado de campanas, descubrimos que la distancia de edades no era tan vasta. ¡Fue una locura, una linda locura compartida!
Sandra Silvina Serra: "Nací en 1964. Desde entonces, comenzó a reinar la imaginación en mi mente. Soy profesora de yoga y soñadora por naturaleza. Mis primeros pasos en la escritura fueron un idilio poético que quedó guardado en un cajón.
Considero que la escritura es una fuente inagotable de cultura, emociones y aventuras. Un camino sin retorno hacia un vivir mejor.
Mi meta es lograr que mis lectores encuentren voz, refugio y alma en mis escritos".
sandrasilvinaserra@gmail.com
El pequeño con ojos vivaces y curiosos se aproxima al oscuro muro como si estuviera de pie ante un antiguo jeroglífico, Con sus manitas agarradas detrás de su cuerpito se encorva para ver mejor. Su mirada brilla con la chispa inquebrantable de su inocencia, capaz de ver más allá́ de lo evidente, de hallarle significado a lo que la realidad ordinaria olvida.
En su mente fervorosa, la mancha se convierte en una criatura mística, un símbolo de aventuras por descubrir y de cuentos por narrar.
—¡Mirá abuela!, es una rana que salta hacia el cielo —Dice con entusiasmo.
Así́ ese borrón, tocado por la ingenuidad y el asombro, se transforma en un puente rumbo a donde lo cotidiano pasa a ser extraordinario.
Ella, con su piel moteada y un brillo iridiscente en sus ojos, se convierte en la protagonista de una épica búsqueda, un viaje a través de praderas de sueños donde las nubes son almohadas de terciopelo y los ríos serpientes de cristal que murmuran promesas de andanzas.
—¡Abuela, la rana, con solo un salto, puede cruzar océanos y escalar montañas! — grita mi pequeñín, mientras está viajando por tierras donde los árboles susurran antiguas leyendas y las estrellas, fieles confesoras, iluminan el camino hacia mundos mágicos. Cada palabra que sale de sus labios es un pincel que da color a la pared, la ilumina, transformándola en un canto al ingenio y la maravilla que reside en la esencia de mi niño.
Ante su llamado lo observo y mi alma se llena con la calidez de la conexión generacional. Ese manchón en la pared, ese simple desperfecto, se convierte en un símbolo del poder de la fantasía, recordándome que, en cada rincón, en cada sombra que se proyecta, puede surgir un nuevo imperio, una nueva travesía.
Su risa resuena en el ambiente, como el eco de una melodía olvidada, llenando el espacio con esa luz que desafía la naturaleza misma del tiempo. En la historia que se teje entre nosotros, la mácula es mucho más que un rasguño en la pintura; es un recordatorio de que a veces, las cosas más simples son las que nos invitan a soñar, a mirar más allá́ y encontrar la belleza en lo intrascendente.
Así́, en esa fantástica intersección de la realidad y la fantasía, la mancha se queda grabada en nuestros corazones, un símbolo indeleble de la capacidad inherente al ser humano, en especial al niño, para ver el mundo no como es sino como podría ser; repleto de ranas que saltan a lo desconocido.
No aguardé un instante más y abandoné la cálida comodidad de mi sillón, como quien se desprende de un abrigo pesado y me dejé caer sobre el prado junto a mi nieto. Allí́ ambos nos sumergimos en un océano de aventuras inimaginables donde cada mirada era una ola de alegría y cada travesura un destello mágico. En ese momento la habitación se transformó́ en un gran reino, donde la imaginación era un rio caudaloso. A cada segundo había una nueva chispa que encendía el fuego de la diversión. Así́, en medio de carcajadas que sonaban como un puñado de campanas, descubrimos que la distancia de edades no era tan vasta. ¡Fue una locura, una linda locura compartida!
Sandra Silvina Serra: "Nací en 1964. Desde entonces, comenzó a reinar la imaginación en mi mente. Soy profesora de yoga y soñadora por naturaleza. Mis primeros pasos en la escritura fueron un idilio poético que quedó guardado en un cajón.
Considero que la escritura es una fuente inagotable de cultura, emociones y aventuras. Un camino sin retorno hacia un vivir mejor.
Mi meta es lograr que mis lectores encuentren voz, refugio y alma en mis escritos".
sandrasilvinaserra@gmail.com















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