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Sociedad
11 Dic 2010

Noemí Pérez: con las manos en la masa

Noemí Pérez llegó a Castelar con apenas 25 años, según sus propias palabras, eligió este pueblo para que sus hijos pudieran jugar en la tierra como lo había hecho ella cuando era chica. Dejó atrás un departamento en Capital Federal, con calefacción central, para habitar una casa en un caserío que aún no tenía servicio de gas.
Desde su ventana podía ver a sus hijos jugar en el campo de Don Serafín, un vecino que según recuerda, con sus propias vacas le vendía leche a gran parte del pueblo. En ese Castelar, de casas quintas y bailes en las calles, Noemí hizo crecer su oficio y lo enseñó a todo aquel que se sumara a sus talleres.

Noemí Pérez tiene hoy 86 años, pero así como en aquella época, hace casi 60 años, continúa dedicándose a la cerámica, “pero es cerámica artística” aclara. Aprendió desde muy joven en el taller de Mireya Baglieto, ubicado por un tiempo en San Isidro y después en la ciudad de Buenos Aires. Con ella aprendió el secreto que la diferenció de muchas otras artistas y artesanos de la cerámica,  “no sólo aprendí cerámica sino también esmaltes especializados. Los hacíamos combinando colores y sacábamos colores nuevos. Era una experiencia, no sólo para aprender sino para sacar nuevos esmaltes. Eso es lo que tengo distinto, los esmaltes especializados”.

Con un hijo de tres años, y otro en camino, se mudó a Castelar donde conoció a Kato, una vecina que también se dedicaba a la cerámica, pero a diferencia de ella, era del tipo “colada”, con moldes y una producción seriada. “Aprendí de Kato el trabajo de horneado de las piezas, porque ella tenia unos hornos bárbaros en su casa, al mismo tiempo le enseñe como levantar las piezas a mano y no solo en forma industrial, nos complementábamos. Al tiempo la convencí de empezar a dar talleres allí en su casa y lo hicimos por 7 años. Y así empezamos  con una, con otra y llegamos a tener muchas alumnas”. Casi por casualidad, nacía el primer taller de cerámica artística de Castelar.

Muchas vecinas tomaron clases con Noemí en aquella época, muchas de ellas se transformaron en reconocidas artistas, ya sea a nivel local o nacional, y todas las recuerdan como sus mentoras y quienes les enseñaron los detalles ocultos de la cerámica. Marisa Alonso y Edelweis Ortigüela, inician la lista que aún hoy continúa sumando artistas.

“Empecé en el 65 en lo de Kato. Empecé con chicas amigas y chicas mucho mas jóvenes que yo, que eran solteras y ahora son abuelas. Después me independicé, fui a otro taller. En San Pedro y Alem, hasta que pude comprar una casita en San Pedro, en la otra esquina de mi casa, y ahí tuve un taller propio en mi casa. Fueron muchos años. Después me mude a Ituzaingó y siempre seguí dando clases” contó en su actual taller de Dean Funes 930 en Castelar.

Durante más de 50 años, los talleres de Noemí Pérez enseñaron a trabajar la cerámica y a crear nuevos esmaltes, lo que la diferenció de otros talleres similares, “los esmaltes, no los comprábamos, lo preparábamos. Hoy yo no voy al ceramista y compro un color, yo lo preparo, tengo las formulas. No es difícil pero hay que saber. Es todo en gramos, son óxidos, todo materias primas. Tenés que saber que poner para conseguir cada color. Fue lo que me distinguió de todas. Primero porque fui la primera, y segundo porque los esmaltes, eran preparados. Son esmaltes especiales porque son con otros elementos, son muy lindos, con texturas, troquelados, eso fue lo que me dió tanto alumnado. En esa época se usaba mucho la cerámica, no como ahora que hay poco. Las mujeres querían aprender” recuerda.

En sus talleres se dictaron clases de muchas otras disciplinas, que fueron rotando con el pasar de los años y con la popularidad de una u otra técnica: Vitro fusión, tapiz artístico, telar, arte francés, dibujo y pintura, cerámica, esmaltes y esmalte sobre vidrio. “teníamos grupos grandes. Ahora creo que lo que no esta tan de moda es al cerámica, ahora resurgieron otras cosas, pintura pero, no la cerámica. Porcelana fría, es lo que mas anda ahora”.

“Durante un tiempo di clases y diplomas y después lo legalizaban en La Plata, eran cuatro años de taller y uno de Técnico, las alumnas mías podían luego dar clases ellas mismas. Yo me  recibí de profesora en ARTEC y eso me habilitaba a dar títulos. Además el instituto proporcionaba los exámenes. En la época de Menem lo prohibieron y cuando ellas iban a legalizarlo no se los daban, entonces deje de dar los diplomas porque, pobres, no podían hacer nada. Yo lo daba con un programa, pero si no lo tenían legalizado no les servia para nada” rememoró la artista.

¿Cuál es el público al que está dirigido el taller actualmente?
Yo tuve chicas de todas las edades, pero venía sobre todo más juventud. Venían mucho tiempo, yo tuve alumnas que eran solteras y ahora ya son abuelas. Aunque en los últimos años se nota más que el publico joven no viene, sino la señora que ya tiene los chicos grandes. Vienen chicas pero no le toman ese interés a continuar. Yo lo que veo en mi taller es eso.

 
¿Cuales son los proyectos a futuro?
Mi idea es seguir con el taller seguir dando con gente conocida tapíz y telar en mi casa y cerámica acá en el local, seguir dando mis cosas, pienso seguir porque ésta es mi vida.
En este local hace cinco años que estoy. Antes estaba sobre Arias. Lo mismo paso con la cerámica, primero yo alquilaba casa para dar los talleres, pero después cada vez me fui achicando más, porque no era tanta la gente, cada vez era menos. Y fui alquilando locales, hasta que legue acá que es chiquito, pero es cómodo. Yo pienso seguir hasta que la vela no arda, tengo 86 años, soy del 23. Estoy bien, con salud, y trabajo, y hasta hago trabajos para vender. Ahora quiero modernizarme. Siempre hice volantitos y de boca en boca, pero ahora  quiero estar en Internet.

A la par que dictaba su curso, año tras año fue realizando otros talleres para diversificarse y especializarse. En Los talleres Municipales de Villa Mecenas, ubicado en Morón Norte, tomó clases de escultura junto con Alberto Balietti, esposo de la artista local Rita Kafetzis, y tapíz artístico con Ernesto de Castro a quienes recuerda como “grandes maestros”. “Yo había hecho escultura en cerámica, pero con Balietti hacíamos con piedra, y aprendí muchísimo, me sirvió también para cerámica, aprendí mucho de proporciones. Hicimos un montón de exposiciones. Balietti fue el que mas satisfacción me dio como ser humano, muy humilde, como los grandes, era una belleza como profesor” apuntó y continuó “hice muchas exposiciones, en la Galería Lirolai, en todos los museos de Morón. Antes la Catedral de Morón tenía un lugar en el que hacíamos exposiciones, fui la primera con cerámica, con chicas de acá de la zona”.

Tras las preguntas dirigidas a su oficio y sus aportes y enseñanzas a los vecinos, la charla derivó en el recuerdo, en el Castelar que ella vio crecer desde la mitad del siglo pasado: “Eran todas quintas, vos bajabas del tren por arias y eran quintas. Y mis hijos se criaron en El Argentino, porque ahí estaban todo el día, empezaron a nadar ahí, después había una pizzería en Arias donde estábamos siempre. Después me fui haciendo amigas, al poner el taller más todavía. Castelar era muy distinto, nada que ver, era un pueblo pueblo. Con (César) Jaime, el papá de Carlos (de inmobiliaria Jaime), conversábamos mucho, escribía muy bien y hacia pinturas, era músico, y hacía cerámica también. Con él y otros vecinos salíamos a jugar al carnaval a la calle, a bailar en la calle, cortábamos… nada que ver a lo que es ahora, fue hace muchos años. Nos conocíamos todos, había desfiles de carrozas. Bailábamos en el medio del carnaval, nos mojábamos entre todos” rememoró Noemí apresuradamente y continuó contando cada detalle, “hacíamos un librito y pedíamos cada uno un avisito, y le cobrábamos con eso, con el librito, comprábamos cosas. Yo era caradura, iba por todos los negocios y los avisos les sacaba, y pagaban, con esos siempre teníamos un fondito para las carrozas. Hacíamos quermeses, y siempre era con algún motivo, para hacer un bien.
También, hacíamos cositas, en cerámica, otros en tejidito. Y poníamos todo en una canasta y cobrábamos un peso o cincuenta centavos. “El Manotón”, así le decíamos, pasaban y pegaban el manotón y se llevaban algo, así juntábamos para algún beneficio”.

Aquel Castelar fue cambiando, siguió creciendo, dejó de lado el pueblo para recibir a la ciudad y hoy sigue creciendo con edificios y más habitantes. “y después ya no había quintas. La que mas me dolió, que yo conocía a la gente que vivía ahí,  fue cuando hicieron la Galeria Norte, ahí había una quinta que era una maravilla, me dio una lastima. Ese fue el final de las quintas y el comienzo del boom de Castelar” finalizó Noemí.

Durante más de 50 años, tanto en Castelar como en Ituzaingó, Noemí enseñó su arte y su oficio, entregó diplomas y cosechó amistades. Fue la mentora de grandes artistas y acompañó la época de mayor crecimiento e identidad de esta ciudad. Tras 60 años de profesión continúa dando clases como aquel primer día y se la puede encontrar enseñando y creando en su taller de Dean Funes.

Entrevista: Gabriel Colonna
Redacción: Leandro Fernandez Vivas
Fotos: Gabriel Colonna

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