Anécdotas
30 Mar 2021
Correo de Lectores: “Su sonrisa fue siempre marca registrada”
Lidia Falivelli Banasco escribió a Castelar Digital contando la historia de su papá, uno de los primeros soderos de Castelar Sur: “Empezó con una sodería muy chiquita, con carros tirados por caballos en la Avenida Zeballos”, contó en su Correo de lectores.
Mi viejo era un tano nacido en 1920, llegado de un pueblo llamado Acri, en Calabria. Hizo base en Castelar hasta su último suspiro. Siempre decía: "De acá me sacan con los pies para adelante!"
Empezó con una sodería muy chiquita, con carros tirados por caballos en la Avenida Zeballos al 3150, al lado de la estación de servicio Citex. De a poco fue consolidándose y comenzó a crecer.
Era un barrio lleno de inmigrantes: Los Paolini, los Panzeri, los Garcia Alonzo, los Chechi y Doña Albina Vásquez, la abuela de la cuadra, el famoso Dr Sueyro.
Tuvo 5 hijos que amamos siempre la ciudad. Estudiamos en Nuestra Señora del Rosario de Pompeya y en el José Hernández (el querido Rancho).
La Soderia de Don Vicente Falivelli, el tano, era bastante conocida. La gente lo quería mucho, charlaba con todos. Era un tano buena gente, cero maldad. Su sonrisa fue siempre marca registrada.
Allí vivimos años hermosos llenos de recuerdos. Me gustaría hacerle un pequeño homenaje.
El había combatido 3 años en la Segunda Guerra Mundial, conoció en primera persona la sensación física que provoca el hambre. Cuando llegó a esta tierra la amó de inmediato, como amó de inmediato Castelar.
Todos sus logros fueron realizados con mucho esfuerzo, a punto tal que su corazón estaba literalmente agrandado. Creo que dejó su huella en Castelar.
Lidia Falivelli Banasco
Empezó con una sodería muy chiquita, con carros tirados por caballos en la Avenida Zeballos al 3150, al lado de la estación de servicio Citex. De a poco fue consolidándose y comenzó a crecer.
Era un barrio lleno de inmigrantes: Los Paolini, los Panzeri, los Garcia Alonzo, los Chechi y Doña Albina Vásquez, la abuela de la cuadra, el famoso Dr Sueyro.
Tuvo 5 hijos que amamos siempre la ciudad. Estudiamos en Nuestra Señora del Rosario de Pompeya y en el José Hernández (el querido Rancho).
La Soderia de Don Vicente Falivelli, el tano, era bastante conocida. La gente lo quería mucho, charlaba con todos. Era un tano buena gente, cero maldad. Su sonrisa fue siempre marca registrada.
Allí vivimos años hermosos llenos de recuerdos. Me gustaría hacerle un pequeño homenaje.
El había combatido 3 años en la Segunda Guerra Mundial, conoció en primera persona la sensación física que provoca el hambre. Cuando llegó a esta tierra la amó de inmediato, como amó de inmediato Castelar.
Todos sus logros fueron realizados con mucho esfuerzo, a punto tal que su corazón estaba literalmente agrandado. Creo que dejó su huella en Castelar.
Lidia Falivelli Banasco















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