Rincón Literario
20 Nov 2020
"Diminutas partículas" por Lucas Perata
Sentado frente a la máquina de escribir. Hoy debo, quiero escribir. Y se quedó mirando las diminutas partículas de polvo que descansaban plácidamente, a diferencia de él, entre los engranajes. Pasó una cantidad de tiempo que le avergonzaría reconocer. Se sentía como si hubiera despertado de una pesadilla, transpirado y pegoteado a las sábanas; en esa fantasía, los libros eran usados como apoya vasos berretas para vasos enormes y goteantes. Apareció violentamente la idea de que su libro ni siquiera podría cumplir con esa desplazada función porque nunca tendría materialidad.
Golpeó la máquina con el puño izquierdo, sangró más de lo esperado y volvió a obnubilarse con la idea de las diminutas partículas de polvo que ahora no podía ni ver. Pensó en la última vez que había podido escribir algo también recordó o creyó recordar como la musa le dictaba las palabras exactas, los signos, las pausas.
Hizo un esfuerzo para levantarse; no podía, noquería levantarse hasta haber llenado una carilla completa con una combinación no tan discreta de oraciones. Otra idea violenta apareció: cuanto más pensaba en qué escribir más sentía los cinturones de la camisa de fuerza reprimiéndoles las ideas.
Los dolores físicos se acumulaban junto a la profunda humillación que le causaba no poder ser quien deseaba. Pasaron los minutos, las horas, los días y no se había despegado de la silla; las diminutas partículas de polvo antes invisibles ahora descansaban sobre sus dedos rígidos y pálidos que descansaban plácidamente sobre la máquina de escribir.
Golpeó la máquina con el puño izquierdo, sangró más de lo esperado y volvió a obnubilarse con la idea de las diminutas partículas de polvo que ahora no podía ni ver. Pensó en la última vez que había podido escribir algo también recordó o creyó recordar como la musa le dictaba las palabras exactas, los signos, las pausas.
Hizo un esfuerzo para levantarse; no podía, no
Los dolores físicos se acumulaban junto a la profunda humillación que le causaba no poder ser quien deseaba. Pasaron los minutos, las horas, los días y no se había despegado de la silla; las diminutas partículas de polvo antes invisibles ahora descansaban sobre sus dedos rígidos y pálidos que descansaban plácidamente sobre la máquina de escribir.

















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