Sociedad
17 Dic 2010
La educación pública en Castelar
El pasado miércoles 15, los alumnos que terminaron de segundo grado -de la Escuela Nº 63, de nuestra localidad- recibieron los "diplomas a los niños lectores" que otorga la Sociedad de Fomento de Castelar y La biblioteca Popular 9 de Julio.
A través de Juan Carlos Turco -personaje incansable del barrio, que dedica su vida a colaborar con las instituciones educativas a las que asisten nuestros hijos- la Sociedad de Fomento de Castelar y la Biblioteca Popular 9 de Julio hicieron llegar los diplomas a los “niños lectores” de la Escuela 63 de Castelar. Hemos ya mencionado, en notas anteriores, la intensa actividad de Juan Carlos Turco, y hemos publicamos una nota sobre la entrega de diplomas en otra entidad educativa, en ese caso privada. Esa experiencia, nos permitió contrastar la distinta situación entre las instituciones de orden oficiales respecto de las privadas.
A simple vista, lo primero que se percibe cuando se ingresa a las instituciones educativas públicas de nuestro barrio es la ausencia del Estado. La dejadez y el abandono oficial enmarcan la educación de nuestros chicos. Faltantes de vidrios, ventiladores, pintura, sillas, bancos y pupitres en mal estado, saltan inmediatamente a la vista. Ni la bandera nacional escapa al deterioro mientras el himno se escucha en un equipo de audio donde el sonido salta más tiempo del que interpreta la canción patria. Cabe destacar que no estamos hablando de escuelas rurales, apartadas y de difícil acceso, sino que estamos describiendo una escuela pública de nuestro barrio, donde asisten cientos de chicos de Castelar, y cuya infraestructura está en estado lamentable. Resulta inevitable reflexionar acerca de la situación en que estarán las escuelas rurales escondidas en el interior de nuestro país.
Se dice que “uno es el lugar que habita”, y entonces: ¿qué mensaje le estamos transmitiendo a nuestros chicos?
Lo segundo que se percibe es la gran labor humana, docentes, directivos, ordenanzas, bibliotecarias, colaboradores y demás personal, que -pese a las pésimas condiciones y a la falta de recursos con las que cuentan- no bajan los brazos y dan lo mejor de sí para suplir las carencias materiales. El personal educativo se transforma así en una gran familia donde todos ponen su aporte para hacer más llevadero el arduo trabajo de educar a nuestros chicos. Se ve inmediatamente el trabajo de colaboración mutua y la solidaridad de padres y personas como el Sr. Turco, que se acercan a dar una mano.
Conversamos también con la bibliotecaria de la Escuela 63, a quien le acercamos una colección de libros de Salgari para que los niños lectores puedan disfrutar el año próximo.
Ahora, queremos aprovechar esta nota para hacer extensivo el pedido de donaciones de todo tipo para la escuela. Aquellos deseosos de colaborar pueden acercarse a la institución, ubicada en la intersección de San Pedro y Curuchet, y hablar con Mónica -la Directora- o Graciela -la Bibliotecaria-, dos personas excepcionales que integran la gran familia de la Escuela 63.
Esperamos también que esta nota llegue a ojos de nuestros representantes y que los induzca a evaluar mas acertadamente las prioridades en el uso de los fondos del Presupuesto.
A simple vista, lo primero que se percibe cuando se ingresa a las instituciones educativas públicas de nuestro barrio es la ausencia del Estado. La dejadez y el abandono oficial enmarcan la educación de nuestros chicos. Faltantes de vidrios, ventiladores, pintura, sillas, bancos y pupitres en mal estado, saltan inmediatamente a la vista. Ni la bandera nacional escapa al deterioro mientras el himno se escucha en un equipo de audio donde el sonido salta más tiempo del que interpreta la canción patria. Cabe destacar que no estamos hablando de escuelas rurales, apartadas y de difícil acceso, sino que estamos describiendo una escuela pública de nuestro barrio, donde asisten cientos de chicos de Castelar, y cuya infraestructura está en estado lamentable. Resulta inevitable reflexionar acerca de la situación en que estarán las escuelas rurales escondidas en el interior de nuestro país.
Se dice que “uno es el lugar que habita”, y entonces: ¿qué mensaje le estamos transmitiendo a nuestros chicos?
Lo segundo que se percibe es la gran labor humana, docentes, directivos, ordenanzas, bibliotecarias, colaboradores y demás personal, que -pese a las pésimas condiciones y a la falta de recursos con las que cuentan- no bajan los brazos y dan lo mejor de sí para suplir las carencias materiales. El personal educativo se transforma así en una gran familia donde todos ponen su aporte para hacer más llevadero el arduo trabajo de educar a nuestros chicos. Se ve inmediatamente el trabajo de colaboración mutua y la solidaridad de padres y personas como el Sr. Turco, que se acercan a dar una mano.
Conversamos también con la bibliotecaria de la Escuela 63, a quien le acercamos una colección de libros de Salgari para que los niños lectores puedan disfrutar el año próximo.
Ahora, queremos aprovechar esta nota para hacer extensivo el pedido de donaciones de todo tipo para la escuela. Aquellos deseosos de colaborar pueden acercarse a la institución, ubicada en la intersección de San Pedro y Curuchet, y hablar con Mónica -la Directora- o Graciela -la Bibliotecaria-, dos personas excepcionales que integran la gran familia de la Escuela 63.
Esperamos también que esta nota llegue a ojos de nuestros representantes y que los induzca a evaluar mas acertadamente las prioridades en el uso de los fondos del Presupuesto.
.jpg)










.jpg)








.jpg)







.jpg)





















































.jpg)










.jpg)










.jpg)


.jpg)





















.jpeg)
.jpeg)





.jpg)



