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Giulietta: “La música es transmitir todo tu amor

Publicado: 12/04/2019


La cantante de bossa nova y samba contó cómo se enamoró de la música popular brasilera. “La música tiene un poder transformador mágico. Cada canción tiene su color, su temple… no podría vivir sin la música”, explicó a Castelar Digital.

Nacida de la conjunción del Jazz y la samba, de la alegría y la nostalgia de la mitad del Siglo XX en un Brasil siempre en crecimiento, la bossa nova se lanzó desde las gargantas cariocas a todo el mundo. Primero como un refresco en la típica samba, luego como un género en sí misma con sus referentes, protagonistas y propaladores. La Música Popular Brasilera tiene sus representantes en Argentina. En Castelar se manifiesta en la voz de Giulietta.

Julieta Alessandrini, artísticamente conocida como Giulietta, primero jugó con la guitarra, tocó, compuso y se animó a otros instrumentos, hasta que un impulso innato la llevó a hacer un viaje para conocer su verdadera voz: “no iba a contar esto… pero fui concebida en Brasil. Cuando me decidí y le conté a mi mamá que me iba a Isla Grande, en Rio de Janeiro, me dijo: ‘¡Ay hija!  Vos fuiste creada ahí’. Bueno, con esa información me basta. Después le conté a mi papá y me dijo, ‘ahí fuiste creada vos! en unas vacaciones en Angra dos Reis“, disparó entre risas la cantante. Desde los genes y con la intención de crecer, la bossa nova la llamó a viajar, a encontrarse en 1900 kilómetros de distancia de su ciudad natal. 

Castelar le dio la vocación y las primeras herramientas: “puedo decir que mis primeras profesoras de canto fueron Shakira, Natalia Oreiro y Xuxa!  Desde que era chiquitita y escuchaba Xuxa hacía coreografías en el espejo y le cantaba las canciones a mis papas. A los 10 años fue más notorio el cambio, empecé a tener la independencia de tener mis casetes; ponerle play lado a y lado b, y lado a y lado b de nuevo. Tenía pocos casetes y cantaba, imitaba a las cantantes. Después con el formato CD empecé a escuchar a artistas internacionales, y cantaba por fonética… iba soñando como sería cantar sobre el escenario, son películas que una se va haciendo, proyectando sueños sin saberlo. A los 13 tuve la suerte de que mi hermano me regalase una guitarra”, comenzó a narrar Giulietta.

El primer instrumento fue fundacional. Tocar con sus propias manos aquellas canciones que la acompañaban y también componer sus primeras melodías disparó sus ganas de crecer junto a la música: “Empecé como autodidacta, era mi cable a tierra, componía mis primeras cancioncitas. Y a los 15 empecé a estudiar con Goyi Alzaibar en el Paseo de la Nueva Aldea. Un grande de la música, una etapa muy grata, me dio muchas herramientas, que hoy sigo utilizando. Él me enseñó la canción Corcovado de Tom Jobim y dije ‘estos acordes tan raros? ¿Qué es esto, 7 y 9?’, venía de tocar acordes muy simplecitos y él me pasaba esas canciones.

Tras aquel primer curso de guitarra y encuentro con la bossa nova, Giulietta se topó casi por casualidad con el instrumento que la liberaría, su voz: “Empecé a estudiar canto y ahí encontré cual era mi instrumento. A los músicos generalmente nos gustan todos los instrumentos y las sonoridades, pero tenemos más afinidad con uno o con otro. Encontré en la voz lo mío, encontré que podía expresarme, que podía transmitir el amor que tengo para dar. La música es todo, es transmitir todo tu amor y poder transformar cualquier miedo, cualquier angustia, dolorcito. Es increíble, si estoy cantando un poco triste, al rato se me pasa; la música tiene un poder transformador mágico. Nos hace pasar de estados anímicos y por todos los colores. Cada canción tiene su color, su temple… no podría vivir sin la música”, contó la vecina.

Años antes de que la música se transformara en el eje de su vida, Giulietta comenzó a conocer la capoeira. Arte marcial, que simula una lucha al ritmo de la música, La capoeira se desarrolló fuerte en Brasil por  la mixtura entre la cultura de los pueblos originarios, los criollos de origen europeo y los africanos llegados como esclavos: “La capoeira es muy rica, es un arte marcial en el que vos te desenvolvés como deportista, como luchador, como acróbata, y también como músico, tocás berimbau, pandeiro, agogó, atabaque y cantás, es lo que me encanta de la capoeira. Grabé unas músicas de capoeira, acá en Castelar, y emprendí mi segundo viaje que terminó siendo de dos años.  Allí tuve la suerte de dar clases de capoeira para niños en aquella Isla, a los nietos de los ex funcionarios del presidio, un presidio que, en 1994 fue demolido y dónde muchos capoeristas fueron reprimidos. Fue una experiencia muy transformadora e inimaginable para mí”.

Viajar para encontrarse

La curiosidad, el placer y la genética la llevaron a emprender un viaje que sería revelador para su vida. Un avión no fue suficiente y a su destino llegó navegando: “Cuando viajé, después de lo que me contaron mis papás, estaba en el barco llegando a la isla y mi corazón estaba a cien mil por hora. Más allá de la inmensidad, la playa y los morros de ese hermoso país, había algo más y todavía no lo había desmembrado. Fui conociendo a los músicos del lugar, es un lugar relativamente chico, estuve unos tres meses conociendo Brasil y me volví”, reseñó Alessandrini. El retorno a Castelar no fue definitivo, sirvió para que iniciara en el Gimnasio Fénix de la calle Avellaneda una sede de capoeira, en el que se dictaban clases para adultos y para niños. Hasta que un día sonó el teléfono: “Querían que vuelva para cantar ‘¿Cuando te podes venir?’, no lo dudé, me fui, me dije ‘¡Tengo que hacerlo!’.

Cuando empecé a cantar y a estudiar las músicas que iba representando me di cuenta que muchas canciones ya las conocía, y que fue mi papá quien me presentó la bossanova. Cuando yo tenía alrededor de cinco años, él ponía unos CDs de una colección de música de Brasil, yo las escuchaba todo el tiempo y eso pareciera haber quedado registrado en  algún lugar de mi inconsciente. Me sorprende cómo la vida me fue llevando por ese caminito. Cuando me vi en mi primer viaje en otro país al principio no entendía nada del idioma, empecé  a animarme a dialogar y a los dos meses ya estaba hablando relativamente bien, después estudié la pronunciación para poder cantar mejor, sin que se notara que era extranjera; y eso es un gran desafío!

Así fue que terminé cantando frente al mar, canciones preciosas, que son riquísimas en melodía, en armonía, en letras, en las historias que se cuentan, y toda esa experiencia me hizo muy feliz. Allá estuve dos años, haciendo música en vivo, en los restaurantes de la isla, aprendiendo y tocando con varios músicos. Después sentí que el círculo había cerrado, había completado mi cometido, necesitaba volver para estudiar, capacitarme en la música. Volver a ver a mi familia y amigos y perfeccionarme en esto, sentí que todavía me faltaban herramientas”, completó.

Aquel viaje revelador se continuó con la capacitación en Argentina. Hoy Giulietta estudia la carrera de Técnico en Sonido y grabación con especialización en Producción Musical en  la Escuela de Música de Buenos Aires. El retorno le permitió también demostrar su valía sobre los escenarios, desde Tarzán al Paseo La Plaza: “La Tarzán fue maravilloso, la gente bailaba al ritmo del pandeiro, me fue muy grato que el lugar abriera las puertas para hacer algo diferente, ritmos que no son propios del país, que vienen con otra ímpetu. Con una alegría particular. Y en diciembre de 2018 hice un show en Paseo La Plaza. Es muy distinto tocar en restaurantes de  hacer un show, con luces, con todo. Nunca había hecho un show mío y dije guau! Lo logré. Un contacto le pasó mi teléfono a un productor, escuchó un audio mío y me invitó a hacer un show. Quise plasmar todo lo que me traje de la isla de Brasil… Aquella guitarra que recibí de presente a los 13 años la llevé al luthier Pipo para que le haga un ‘refresh’. La terminé usando en el show en La Plaza. La guitarra con la que empecé me acompañó al show con una sonoridad impecable”, explicó la artista.

Definida cantora sigue capacitándose y adquiriendo herramientas para seguir creciendo. Apuesta a las grabaciones para poder tener material en las plataformas musicales donde sus seguidores puedan escuchar sus producciones. Además, seguirá presentándose en público, presentando su voz, la bossa nova y otros ritmos, a todo aquel que quiera escuchar: “Siento que me va costar mucho alejarme de la influencia de la bossa nova, del jazz, de la samba jazz, encontré lo que buscaba, lo que amo, con lo que más me siento identificada como cantora. Más allá de que la música es muy rica y que tiene mucha “influencia del jazz”, como reza Carlos Lyra en su composición, tiene un color diferente en las letras, en las poesías, dentro de esa musicalidad toda; y de las interpretaciones que son actorales de las grandes cantoras brasileras, son increíbles; mis gurúes. Voy a seguir tocando, en los restaurantes, incluso en la calle, no importa donde sea, voy a dar lo mejor de mí. Lo que cambia es el atuendo, como me visto para la ocasión. Lo que más me llevo de cada presentación es la mirada y risas de los chicos, como bailan con la música, como aplauden con sus manitas. Más gratitud no me puedo llevar en cada presentación”, finalizó Giulietta.

Entrevista: Gabriel Enrique Colonna
Redacción: Leandro Fernandez Vivas

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