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Caro Tapia: “La voz es un universo infinito”

Publicado: 07/12/2016


Canción, poesía, música, y filosofía, la obra de Caro Tapia encierra múltiples disciplinas y aristas con el fin de no encerrarse en ninguna. “Sonar no es un don, es un derecho”, explicó a Castelar Digital desde el interior de su hogar, el espacio cultural Casa Gorjeos, y adelantó cómo será su próximo disco.

La zona Sur de Castelar conserva aún sus inicios barriales y su tranquilidad. El Polideportivo Gorki Grana le brinda un pulmón verde a los limites entre los barrios Calé y Seré. Las casas en su alrededor, de techos bajos y espacios amplios, completan el paisaje que parece no haber mutado en décadas.

A metros del centro deportivo se encuentra Casa Gorjeos, una casa abierta a la comunidad que ofrece talleres y encuentros. En su interior una cantante toma una infusión esperando que mejore su garganta. “Tiene limón, jengibre y miel en el agua. Y el mate tiene eucaliptus medicinal y malva”, avisa Caro Tapia mientras acerca el mate. Música, compositora, intérprete, poeta y vecina de Castelar, supo llevar sus obras desde Colombia a la Patagonia sin limitarse en compañías profesionales, vivenciales y técnicas. Con su primer disco editado hace unos años, Máscaras de Carnaval (2013), y el segundo pronto a conocer la luz, Cuatro Estaciones (2017), no se encasilla en un estilo musical, ni etiqueta sus creaciones: “Es una canción de raíz latinoamericana con la amplitud que eso supone”.

Independiente y buscadora de sonidos y tonalidades, sus producciones son más que un disco, ya que el audio llega a las manos de su público acompañado por un libro con sus poemas. Multifacética, encontró en sus producciones la manera de unir la filosofía, aquella profesión que eligió al salir de la adolescencia, con la música y las letras. Sus discos son una muestra de esta mixtura. El primero demandó más de dos años de producción y grabación: “Máscaras se grabó entre 2011 y 2012 y se editó en 2013. Son los tiempos que tengo yo, tan laxos para todo… y con el disco nuevo va a pasar lo mismo. Empecé en marzo de 2015 y hasta octubre de 2016 estuve grabando, aunque esta vez también es cierto que hubo de fondo una propuesta conceptual y simbólica sobre los tiempos”, explicó Caro Tapia a Castelar Digital.

“Nada de lo que hago está por fuera de lo conceptual, quizás ahora es más claro eso para mí, lo tengo más asumido. En principio, tenía algunas composiciones que habían surgido entre finales de Máscaras… y los dos años siguientes. Eran muy heterogéneas y me empezó a pasar que a través de ellas podía identificar cómo estaba siendo mi ciclar en ese momento. Cuando quise hacer un disco con estas canciones sentí que tenía que indicar en el disco esa heterogeneidad en algún sentido: iban a ser cuatro elementos. Yo venía estudiando los elementos, pero después vi que tomar de referencia las cuatro estaciones era más preciso porque mostraba como ese cambiar además, era cíclico. De 20 canciones elegí 13. El título del disco fue lo que menos me costó”, señaló la artista.



Con la ayuda de otro músico de gran trayectoria como Juanito el Cantor, Cuatro Estaciones fue tomando forma. “Juanito me propuso grabar las canciones a razón de una por mes, para tomar la energía de cada uno, lo cual logramos por un tiempo y después los tiempos de la Vida nos obligaron a reconfigurar, pero la apuesta estuvo buenísima, así que terminaron siendo 3 canciones por estación, y un “bonus” que en verdad tiene, por lo menos, dos significados: por un lado, que todo ciclo que cierra, abre uno nuevo; por el otro –esta lectura la hizo un amigo muy atinadamente– porque para muchos calendarios no gregorianos, el mes se rige por la luna, y en ese caso –contando el día fuera del tiempo– son exactamente 13. Y había agrupado las canciones, no por la intención inicial de la composición, sino a partir del sentir posterior. Estar en silencio o con un tinte melodramático, me lleva al invierno. La canción de nombre Dolor, por ejemplo, no podía ir en verano: era invierno. Alguna más fogonera, un aire de festejo peruano, chacarera o chamamé, eran verano. Otras, más dulces con un sabor más introspectivo, desde la dulzura, algunas fueron a primavera, otras a otoño. El disco va a venir con libro de poesías, la idea es poder recorrer y transitar, que haya también conexión entre las canciones y las poesías, ese ciclar. En las canciones no tengo una manifestación ideológica explícita, en la mayoría no, entonces que las poesías complementen eso. Después el resto lo hace mi accionar cotidiano en la apuesta a la vida cultural, que es siempre una apuesta política”, expuso la vecina.

 “El disco tiene un tema que es Semilla, una canción de cuna que se pone rítmicamente bagualera en un momento, con la voz al frente.  Después hay otro tema que lo quise hacer con una intención jazzera y al mismo tiempo que esa idea chocara con lo que es la canción más decidora de todas, y empieza en jazz y termina en samba brasilera. Hay otras en que aparece más mi voz pelada de tanta instrumentación. Otra, por momentos, tiene un aire de festejo y se va más a chacarera, son todos “aires de”, no son definidos. Hay otro más rock. Y hay uno que es muy libre, incluso la composición de la letra y la música la hice yo, pero la armonía musical la hizo una amiga que es una música zarpada, Patricia Szilágyi, que entendió perfectamente la canción y la grabó en una pasada, en el estudio de Guille Beresñak”, ejemplificó la cantante sobre su futuro material.

Los nombres de amigas y amigos músicos, compañeros/as de recitales y encuentros artísticos, se van sumando en el relato de Caro Tapia, la mayoría aportó su virtud en alguna canción, otros su influencia, así la charla disfrazada de entrevista nombró también a Soema Montenegro, Jero Peña, Flor Giammarche, Chapada Diamantina, Jorge Salinas, Julia Sierra, Juan Cravenna, Luvi Torres, Alejandro Antonio, Martín Méndez, Pablo Lázaro, José Luis Aguirre, Ezequiel Rodríguez, Florencia Ruiz, Áine, entre muchos otros.

Filosofía, canciones y poesía

Cuando Caro Tapia terminó el colegio en el Instituto San Vicente Pallotti de Castelar Sur, decidió su futuro hacia la carrera de Filosofía por lo que comenzó a consumir sus días en la sede Puán de la Universidad de Buenos Aires. Empero, la música y el arte comenzaron a cruzarse en su derrotero académico como si se tratara de fogonazos de su destino: “Mucho tiempo pensé que no iba a dedicarme a la música, porque hice otra carrera universitaria, pero me empezó a pasar que mientras se engrosaba y se volvía palpable el camino de la música, al mismo tiempo me topaba con mujeres que les había pasado lo mismo. Mujeres muy referentes en mi música: Lila Downs, es antropóloga; Liliana herrero es profesora de Filosofía y fue directora de la carrera de Filosofía en Rosario; Charo, de Tonolec, es periodista. Es una camada de mujeres que me resultan empáticas desde las influencias musicales pero también desde su búsqueda profesional. Yo pensé que iba a ser profesora de Filosofía toda mi vida, hasta jubilarme. Pero la vida me fue llevando por otros lados, aunque la filosofía nunca queda de lado en ese camino: la voy integrando desde la poesía, de la música. Leda Valladares, que ha sido una gran maestra para mí desde su música y su investigación, era Licenciada en Ciencias de la Educación, y además se formó académicamente en Filosofía, y a la vez, fue una mujer que se recorrió Latinoamérica estudiando cantos ancestrales. Es gente valiosa que aporta. Y que toma la música como una inspiración, como un modo de ser y de hacer y de decir, que es lo que yo también busco con la música”, explicó Tapia.

Las influencias se cruzan con los aprendizajes a lo largo de la carrera de la artista. Su principal instrumento, la voz, y las cuerdas de su guitarra que la acompañan en sus discos muestran también lo aprendido en distintos institutos y con distintos mentores. La mezcla de estilos, ritmos y modalidades son el resultado del gusto, la pasión y el aprendizaje: “Estudie mucho sobre música afroamericana, hice un trabajo de estudio en el instituto Afro American Music. Fueron grandes maestros en muchas cosas, me llenaron de información afroamericana, el inicio del blues, desde que llegaban esclavos y los repartían por Estados Unidos y no podían hacer otra cosa que cantar, como fueron los orígenes del góspel, del blues urbano, el rural. Creo que en mi música lo encuentro. Hay algunas modulaciones, por ejemplo, el tema es folklórico y tiene modulaciones que no son del folklore andino del canto con caja, es otro color, son los recursos de la voz… Aunque, como dice Leda, el grito del rock, el de la baguala, el del blues, son el mismo grito, parten del mismo lugar y van hacia el mismo cielo. Estas han sido mis influencias, pero también siento que hay una búsqueda más grande de lo folklórico: cantantes de blues, o de jazz, mucho rock nacional durante la adolescencia, Charly, Pedro Aznar…”.



La música se complementa con la poesía. Las producciones de Caro Tapia llegan a su público en un doble formato de disco y libro. La poesía y su pulsión por escribir la acompañan desde la adolescencia: “Ingresé al mundo de la poesía como lectora muy tarde, pero recordando después me encontré con cosas escritas de adolescente, la escritura era un refugio, pero no sé si lo podría llamar poesía. Cuando terminé el secundario me empecé a meter en el universo de filosofía y letras, al que le debo un montón de cosas por lo que aprendí, al mismo tiempo que le tengo muchas reservas sobre todo al modo de tomar la Filosofía y al arte de las letras en general. Ahí empecé a comprarme libros en parque Rivadavia, a curiosear, a darme permisos que antes no eran de mi vida habitual, el primero que me gustó fue Girondo. Cuando me ponía a estudiar, cuando colapsaba mi mente, me ponía a escribir. Mascaras de Carnaval ya tiene algo de esa búsqueda, ese proceso de asumirme como alguien que escribe poesía. La primera poesía fue contemporánea a la Universidad pero no en relación a lo que academia me ofrecía –a la que siento hermética, clasista y academicista–:nada más lejos a cómo vivo yo la poesía, que tiene una vertiente creativa, despojada de prejuicios, otra cosa. Como la poesía también surgió la composición musical: yo estaba estudiando, me levantaba y agarraba la guitarra, el instrumento que tengo afinidad desde los 13 años, me ponía a tocar cosas de otros, o me salían melodías. Aunque ese fue otro paso: cuando acepté esas melodías y hasta que me puse a buscarles acordes, pasó un tiempo. Hubo un día que dije: “compuse mi primera canción!”, pero después recordé que a los 15 años le había hecho una canción a una amiga, o a los 18 un blues al agua y al amor. Ahí es donde siento que en realidad no sé cuándo es, me es difícil pensar que haya un hito a partir del que una empieza a hacer “sus” cosas: si cuando le nace tan híperespontáneamente que luego se olvidó o cuando decide grabar un disco, no sé. Si sé que en mi vida la composición y la escritura han podido tener una continuidad en el plan del despojo del juico y la pretensión: cuando compongo no me pregunto si la canción tiene sólo tres acordes o la melodía está en lugares obvios, yo lo que busco es que esa canción sea sincera con lo que siento en ese momento”, se explayó la cantante.

Entre mate y mate la charla se olvida del grabador y vuela sobre lugares frecuentes de Castelar, artistas o amigos en común y se mezcla con los sonidos de cajones peruanos que vienen desde el patio ya que Casa Gorjeos es una casa abierta y mientras Caro Tapia cuida su voz, en otro sector de la vivienda se desarrolla un taller de percusión.

La voz

Por sobre la letra, la poesía y la intención, la voz de Caro Tapia es el principal canal de comunicación de su música, por momento jazzeras, por otros típicamente norteña o regional, es su principal instrumento, aquel que la destaca y que la desarrolla como artista.

“Siempre hice cursos, distintos, siempre estoy investigando y buscando cosas nuevas. Hice mucho trabajo corporal, me hace bien y está ligado a mi formación vocal, Eutonía, Bioenergética, soy muy curiosa de esas cosas. Estoy haciendo una formación de sanación con sonido (Soundtouch), la cual me hizo bucear la voz desde lo energético, que se sumó y siento que amalgamó más aún a lo filosófico y vocal. Es un trabajo de contacto, en camilla, pero se basa en sentir en las manos, como siente un reikista, con la diferencia de hacer que lo que sentís suene.  Encontrar cómo las resonancias cambian cuando una toca distintas partes energéticas en el cuerpo: fue muy transformador vocalmente. La voz es un universo infinito. Busco el modo de trabajar el cuerpo y el sonido”, destacó Caro Tapia. Su búsqueda en el plano de lo vocal se plasmará en un futuro en un libro coproducido con Soema Montenegro. “Sentimos que en la voz se canalizan todas las formas sociales. Sonar es un derecho, no es un don, o en todo caso es un don universal. No nos damos derecho a sonar y perdimos la conciencia de sonar colectivamente, o de lo necesario que es transformar en sonido algunas sensaciones guardadas. Que puede ser el llanto, la risa, el eructo, el bostezo, el desperece, todas esas instancias pueden ser sonoras, muchas veces reprimidas, cuantas sensaciones pueden ser sonoras y están reprimidas. Hay una fuerte apuesta política que es la transformación y repercusión de la cosmovisión social en relación a la voz”, finalizó la vecina.

Casa Gorjeos sigue sonando mientras el canto de Caro Tapia se replica en las composiciones de su futuro disco. El 2017 traerá Cuatro Estaciones, como todos los años, pero esta vez estarán acompañadas de melodías y letras, conceptos y sensaciones en la voz de una vecina de Castelar.

Entrevista y redacción: Leandro Fernandez Vivas
Fotos:
Eliana Micaela y otros.

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